Tres Mitos acerca del MULTITASKING: Mujeres

Compartiéndoles como es costumbre, conceptos y temas para aumentar la productividad y la eficiencia, tanto en la gestión personal como organizacional; me ha parecido interesante retomar el tema del MULTITASKING, pero ahora desde la perspectiva de algunos mitos y creencias que mantenemos al respecto.  Multitasking, como recuerdan, es la capacidad de realizar varias tareas, con eficacia, a la vez.

Ya en publicaciones anteriores hemos sustentado que la práctica del multitasking reduce la productividad y la eficiencia en un 15%, de acuerdo a estudios de la Universidad de Stanford. Sin embargo,  regularmente me sigo encontrando con personas, en diferentes contextos, que manejan algunas o todas de las siguientes creencias:  (1) que las mujeres son multitaskers por naturaleza, (2) que los jóvenes milenios son innatos para el multitasking, por haber nacido en un entorno digital y multimedia, y (3) que existen los Hyper Taskers o personas brillantes, altamente eficientes y productivas, dotadas con la capacidad de poder procesar significativas cargas de trabajo en modo multitasking de manera intuitiva y con éxito. Y leyendo “Brain Chains” (Cadenas Mentales) de Theo Compernolle, me encontré debajo del título “tres mitos acerca de las habilidades de multitasking en mujeres, niños y hyper taskers”, por lo que lo usaré de referencia.

Mito No.1: El Multitasking en las Mujeres. 

Esta publicación se la vamos a dedicar a las damas.  Todos parecen convencidos de que las mujeres están diseñadas para el multitasking.  Que las mujeres están genéticamente superdotadas en ese sentido, o al menos mejor dotadas para el multitasking, que los hombres.  Y esta creencia, caballeros, es el mito número uno.

La verdad?  Cuando las mujeres realizan multitasking, su desempeño desmejora tanto como el de los hombres.  Algunos estudios parecen sugerir que las mujeres son mejores, pero la razón parece ser que las mujeres se planifican mejor para el multitasking que los hombres.  Interesantemente, cuando a las mujeres se les presenta la oportunidad de elegir, ellas prefieren hacer menos multitasking y menos “task swithching” o intercambio de tareas, permitiéndose menos distracciones ejecutando tareas menos relevantes. Así que parte de la leyenda sobre el multitasking en la mujer es que en realidad realizan menos multitasking, que los hombres, razón por la cual, al final, son más eficientes. El origen del mito surge del hecho de que las mujeres, y los cocineros también por cierto, se manejan mejor en trabajos rutinarios que no requieren alta atención o una atención continua, como el mantener varias ollas en la estufa simultáneamente y lograr preparar todos los platos para una comida, al mismo tiempo.

Sin embargo, esto no tiene nada que ver con la genética.  Igual sucede con las personas que perfeccionan una habilidad.  Un deportista, un músico, un corredor de autos, un soldado. Todos ellos han practicado e interiorizado procesos y tareas que no pasan por el cerebro consciente, llamado por algunos el cerebro reflexivo.  Este es el cerebro que se encarga de pensar y analizar. Los procesos y tareas aprendidos y perfeccionados, pasan directamente al cerebro reflejo e inconsciente, volviéndose tareas que se relizan de manera automática, mecánica e intuitiva.  La famosa “memoria muscular” a la que nos referimos a menudo en otros contextos.

Un cinta negra de artes marciales, por ejemplo, no piensa conscientemente sus acciones; solo las ejecutiva intuitivamente.  No hace multitasking.  Su cerebro ni siquiera llega a ocuparse con la tarea, porque la memoria inconsciente y reflejo, simplemente la ejecuta.  Aquellas tareas que requieren análisis y pensamiento, no pueden pasar al cerebro reflejo inconsciente, porque no se han asimilado. El multitasking ocupa la mente reflexiva consciente, o mente que utilizamos para pensar, y esta mente no nos permite realizar varias tareas a la vez.  No fue diseñada para eso.  Como dice David Allen, “Su mente es para tener ideas, no para guardarlas”.  Así que, “sorry Ladies”, ustedes son igual que los hombres, pero eso sí, mejor organizadas.

Los esperamos en las próximas publicaciones para develar los otros dos mitos.

 

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